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8 septiembre, 2023

La revolución de la palabra escrita: de los códices a la Era Digital

La relación entre la palabra escrita y la humanidad ha tenido distintas revoluciones a lo largo de la historia. Desde los antiguos códices manuscritos hasta al acceso casi ilimitado a los textos en la era digital, cada avance tecnológico ha dejado una huella en la manera cómo percibimos y consumimos la información escrita que se nos presenta. A pesar de que se suele creer que leemos menos, lo cierto es que la cada vez más alta exposición a los dispositivos móviles y otro tipo de pantallas implica conocer, socializar y entretenerse mediante la acción de leer. De esta forma, una revisión al pasado de nuestras palabras y su contraste con la actualidad puede evidenciar no solo los desafíos que surgen en este nuevo panorama, sino también permitirá profundizar en la incuestionable conexión que tenemos con la palabra escrita.

En el tejido de la historia de la escritura y la transmisión del conocimiento, el códice romano desempeñó un papel sumamente importante. Tratándose de una forma primitiva del libro, compuesta por hojas de papel o pergamino unidas en un solo volumen, implicó un avance tecnológico frente a los rollos de papiro del antiguo egipcio, pues permitía acceder de manera más rápida y eficiente a información específica. En términos culturales, uno de sus impactos más importantes fue el permitir una mayor accesibilidad a las obras literarias y académicas. Los monasterios cristianos, por ejemplo, fueron centros de producción de códices durante la Edad Media, copiando y preservando textos clásicos que de otro modo podrían haberse perdido (Barona, 2019). Por otra parte, su formato también contribuyó al florecimiento de la literatura en lenguas vernáculas, ya que facilitó la distribución de obras escritas en idiomas locales.

Cientos de años después, a mediados del siglo XV, Johannes Gutenberg marcaría un siguiente hito significativo en la historia del texto y, en general, de la humanidad. Antes de la imprenta, la creación de libros era un proceso largo y costoso que implicaba la copia manual de cada página, por lo que el invento de Gutenberg revolucionó la producción de libros mediante su sistema de prensas de impresión con tipos móviles. Sin embargo, el valor de esta nueva tecnología recayó principalmente en la democratización del conocimiento y los cambios en la accesibilidad a los textos, debido a que previamente los libros eran extremadamente costosos y estaban disponibles solo para las élites educadas. A largo plazo, la disponibilidad de libros impresos alentó la alfabetización de la población en general, así como la estandarización del lenguaje y la ortografía.

No obstante, también es posible argumentar que incrementó la falta de retentiva en los individuos, un fenómeno que ha sido ampliamente estudiado en las estructuras cognitivas que tienen las culturas orales primarias a diferencia de las literatas. En las primeras, para mantener la coherencias y la especificidad cultural del grupo, la memoria es un elemento clave, que es sistematizado mediante “fórmulas orales y comportamientos ritualizados” (Calderón, 2008, p. 47), que tienden a perderse en sociedades que pueden remitirse a un texto. Lo anterior implicaría que el fácil acceso a la información se encuentra ligado a una pérdida significativa de la capacidad retentiva. Después de la imprenta casi ni se pueden concebir los míticos rapsodas, recitando de pueblo en pueblo cantos de poesía épica sin ningún tipo de soporte. Sin embargo, la incapacidad de recitar (cada vez más comprometida), fue compensada con la facilidad de construir conocimiento colectivo y el fácil acceso al mismo mediante la revisión de textos.

Por supuesto, la era digital cambió nuevamente el escenario en el que se desenvuelve el texto. A medida que las computadoras se convirtieron en herramientas de uso común en la vida cotidiana, se produjo una evolución de la escritura y la lectura en soportes físicos a medios digitales, a pesar de que se sigue leyendo más en papel. Por su parte, los procesadores de texto actuales permiten a los usuarios corregir, formatear y editar fácilmente sus trabajos, así como agiliza la colaboración. Paralelamente, la publicación en línea revolucionó una vez más la difusión de textos, abriendo un entorno abrumadoramente inmenso en el que ideas e imágenes conviven entre sí en la web a modo de hipertexto. De hecho, las redes sociales son parte del fenómeno, en la medida que permiten una navegación no lineal enriquecida con contenido multimedia. Paradójicamente, el punto culminante de esta compleja red textual es a su vez el punto más problemático para el fomento de sociedades lectoras. Con la proliferación de dispositivos móviles, las notificaciones constantes y la sobreexposición a estímulos, la atención se ha convertido en un recurso escaso en un mundo digital lleno de distracciones, lo que afecta la capacidad de comprender y concentrarse en textos largos.

Sin embargo, la era digital ha brindado numerosos beneficios en la forma en que interactuamos con los textos, como la accesibilidad mejorada desde cualquier dispositivo y lugar, la personalización de la lectura mediante avanzados algoritmos de recomendación y motores de búsqueda, y también el enriquecimiento de la experiencia de lectura mediante la interacción multimedia hipertextual. Aunque no es posible saber con exactitud qué nuevos rumbos tomarán las nuevas tecnologías, es posible aventurar que, con la realidad aumentada, la inteligencia artificial y la realidad virtual, nuestra interacción con los textos se volverá aún más inmersiva. De igual forma, se puede esperar un importante debate sobre la ética, propiedad intelectual y privacidad en lo que se refiere a los mismos. En el centro de esta evolución, es importante recordar que el texto es más que solo información; es una parte fundamental de cómo entendemos el mundo y cómo nos comunicamos, por lo que es crucial preservar la esencia de la lectura y la comprensión profunda en un mundo abrumado por la velocidad y cantidad de datos. Mientras tanto, la relación entre el texto y el ser humano seguirá siendo una parte integral de nuestra evolución como sociedad.

Barona, J. (2019). El “scriptorium”. Métode, 101. Recuperado de: https://metode.es/wp-content/uploads/2019/07/101ES-historias-ciencia-scriptorium.pdf

Calderón, M. (2008). La estructura cognitiva en las culturas orales primarias y los residuos de la oralidad en las culturas literatas. Elementos, 70. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/294/29407006.pdf

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